Objetos voladores no identificados

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Yo sabía que eso de los ovnis no era sólo un cuento. Nunca los había visto y la verdad tenía muchas ansias de hacerlo. Por las noticias dicen que estos objetos son vistos sobre todo en zonas donde hay mucha concentración de energía, por ejemplo en la cima de los volcanes o en las ciudades más desarrolladas y en las que habita mucha gente ‒por el dinamismo y el caos que reina en esos sectores.

Mis padres nunca hablaban del asunto, quizá porque tampoco los habían llegado a ver o porque pensaban que no eran reales.

Era domingo por la tarde; una tarde hermosa con un esplendoroso cielo anaranjado que contrastaba perfectamente con las pocas nubes celestes y blancas que adornaban aquel paisaje tan original. Fuimos a la pulpería y compramos algunos helados de paleta para comerlos mientras contemplábamos la puesta del sol. Sentados en el corredor de la casa mirábamos como poco a poco el inmenso sol se ocultaba detrás de los árboles que teníamos en frente. Era una magnífica escena.

Detrás de esos mismos árboles divisamos el primero. Creímos que era un avión que pasaba por ahí pero no parecía tener forma de avión: era circular, plateado, con anillos alrededor. Surcaba los cielos en trayectos circulares y avanzaba hacia el oeste. Todos quedamos como hipnotizados; inmóviles, callados, mirábamos hacia arriba.

Escuchamos gritos de una mujer los cuales nos sacaron del trance en el que nos encontrábamos. Volvimos la mirada hacia la calle y vimos a la vecina de abajo caer sobre la carretera. Seguidamente salieron el esposo y las hijas de la señora y comenzaron a orar, llorando, clamando e implorando compasión. Nos pareció algo exagerada su actitud, sin embargo, casi nos desplomamos cuando volteamos nuevamente la mirada hacia las alturas.

La siguiente escena fue increíble. Parecía que salían del mismo sol, cientos y cientos de ellos. Miles; incontables. Naranja blanquecino; el firmamento se transformó en una gran capa de circo, naranja y plateado, con millones de platos fulgurantes volando alrededor de él.

Quedamos atónitos, esperando un ataque, una invasión, una lluvia de centellas…

Mis vecinas cada vez más abismadas, atolondradas. Estaban totalmente fuera de sí; nosotros, hechizados por aquel evento sin precedentes.

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Un destello de luz blanca y limpia nos hizo parpadear. Al hacerlo, sentimos un horrible dolor en el cuello. Eran las cinco de la mañana y estábamos todos en el patio, mirando el cielo y con las ropas cubiertas de un fino polvo plateado.

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